4-5-6 de mayo de 2012
Primer fin
de semana de mayo y un gran proyecto barranquero en Alacant, nos vamos Benja,
Jorge y yo (Loren), desde aquí un recuerdo al amigo Armando que no pudo venir
por encontrarse “malito” y que lo hubiese disfrutado seguro.
Viernes 4
por la tarde, partimos los tres a encontrarnos con nuestros anfitriones en
Alicante, Chesca y Cristian, que nos reciben en su preciosa casa de Benigembla,
un pueblecito del interior de la provincia enclavado en el valle de Pop (aunque
lo que nos esperaba era puro Rock & Roll… disculpad el chiste). Tras el
recibimiento y la descarga de todo el material nos agasajan con una estupenda
cena, que como no, acompañamos con algo de vinito. Tras ello, un merecido
descanso.
Sábado 5,
tras un buen desayuno, y después de cargar todo el material necesario,
emprendemos camino hacia lo que sería nuestro primer destino del día: “El barrac de Mela o de Abdet”, una
buena dosis de carretera por unos puertos de montaña que si bien nos revolvían
un poco el estómago, también se nos antojaron alucinantes, hay que ver las formaciones
rocosas enclavadas en el interior de Alicante… flipantes.
A medio
día, tras despedirnos de Luis y Diana y volviendo sobre nuestros pasos, nos
vamos los cinco restantes a otro barranco acuático “L’Estret de les Penyes”, cerca de la población de Bolulla, en este
caso hacemos uso para retorno aproximación-retorno de dos vehículos.
Sabiendo
que no estaba clara la presencia de demasiada agua, el primer vistazo nos
desalienta un poco, ya que bajas a una rambla ancha, pedregosa y seca; andando
por su ingrato cauce un rato llegamos al primer resalte: ¡Bingo!, la poza tiene
agua, y no está demasiado estancada, veremos que nos depara el resto…
¡Bingazo!... a partir de aquí nos sorprende lo que Benja llama “festival de
surgencias”, las paredes son verdaderas fuentes, por todos lados vemos cascadas
y salidas de agua, que además y para más deleite… son termales. Si bien el
cauce natural no aporta, todo lo que viene por los laterales nos llena de agua
otro bonito tajo natural excavado a lo largo de los milenios y que de nuevo y
muy parecido al anterior barranco se convierte en una pasada de diversión
aderezada por formaciones paisajísticas preciosas para rematar el final con una
preciosa cascada que además dio pie a disfrutar de un rato de saltos a una poza
enorme y… calentita. Una pasada.
El resto
de la tarde fue de retorno y descanso (con poker incluido… Chesca nos desplumó
como pardillos), dos barrancos en pocas horas, nos habían dejado un poco
agotados, necesitábamos recobrar fuerzas (pizzas…ummmm) ya que el día siguiente
era de premio… nos íbamos a enfrentar a un barranco de los que hay que hablar
de “usted”… y me atrevería a decir que en ocasiones de “su excelencia”: “El Barranc de l’Infern”
Domingo 5:
madrugón, superdesayuno y tras consultar la climatología, allá que nos vamos.
Se nos vuelve a incorporara Diana, que si bien se perdió el segundo barranco,
por la noche vino a quedarse en casa de Chesca y Cristian para el reto de hoy,
así que éramos 6 los incautos que nos
meteríamos en las fauces de semejante bestia.
Esta vez
sin neopreno, ya que teníamos claro su carácter seco y que las pozas inundadas
tienen pasamanos para evitarlas. Tras una aproximación larga de unos 40 minutos
bajando por senda, llegamos a una rambla ancha que te lleva a lo que a mi se me
antojó como la boca del infierno… y allí se nos tragó el tajo calizo. Tras un
paso con varios rápeles por lo que sería un estrecho “esófago” llegamos al
punto complicado, una enorme marmita trampa profunda y con agua estancada en su
fondo cual si fuese “jugo gástrico”, allí en ese estómago de la bestia tuvimos un
rato de técnica y de cómo estar a punto de desfondarse (doy fe). La única
manera de pasar este tramo es por medio de un pasamanos dividido en varias
secciones que cuelga de la roca pulida, sin agarres para pies y que sin una
buena experiencia y una buena técnica, te agota hasta límites insospechados, el
traspaso de los cabos de anclaje en cada sección del pasamanos, se convierte en
una tortura y un derroche de fuerza y energía brutal.
Pasada esa
“pesada digestión” la bestia ya nos ha convertido en despojos, y recobrando un
poco el resuello en pasos estrechos por el “duodenorrrr”, terminamos en el
final, en un enoooorme intestino grueso que con su esfínter (paso sifonado
cuando lleva agua) nos expulsaría de allí como pequeñas cagarrutas a otro tramo
de ensanchamiento y posterior rambla… estábamos digeridos, pero vivos y
agotados… es decir l’Infern” nos había hecho “caquita”… Pero ¡QUE BARRANCAZO!
Pocas personas tienen el privilegio de ver, sentir y disfrutar la magnificencia
que la naturaleza regala de vez en cuando y si no estás allí no te lo imaginas
por mucho que te cuenten o lo veas en fotos… y ….¡¡¡¡el CAMET estuvo allí!!!!!
Salir de
aquella rambla tampoco era tarea sencilla, solo nos restaba el retorno a los
vehículos y esto se hace por una escalera (si, así es) labrada por los moros en
tiempos de reconquista que te sube desde el cauce hasta el inicio del periplo,
no sé cuantos escalones subimos pero según nuestro seguidor bloguero “Per dalt
i per baix” en su magnífica crónica de la circular de este barranco (http://pdipb.blogspot.com.es/2012/03/barranc-de-linfern-una-catedral-de-6873.html), toda la
escalera (baja por un lado del barranco y sube por el otro) tiene 6873, así que
nosotros nos comimos unos 2000 como mínimo de subida.
Lunes 7 de
mayo. 7,30 de la mañana, suena el despertador… no sé si todo ha sido un sueño,
estiro el brazo para apagarlo… ¡AY! que agujetas… no, no ha sido un sueño,
estoy baldado en cuerpo, pero mi alma está saciada de diversión, naturaleza y
buenas compañías… los dolores pasarán pero el recuerdo grato permanecerá.
Un saludo.